miércoles, 17 de noviembre de 2010

Crónica de un gris claro.

Será que le tengo miedo, respeto más bien. El gris siempre me ha causado una sensación de vacío. No es como el negro, pero sí es cierto que tiene pinceladas de él. Y para colmo llueve. Huele a ciudad mojada, aquel olor de antaño. Aromas de los posos que un día dejé enterrados, que creí borrar, pero es que hay ocasiones en que incluso el corcho sabe flotar. Y probablemente sea que cualquier ciudad me produzca nostalgia, que el simple hecho de ver asfalto me recuerde a.. algo. O quizás, y casi ciertamente, sea que mi mirada es nostálgica sin más. Y puede que sea el frío, que se me cala en los huesos y acaba llegando más adentro, mucho más. Y sin embargo, no hay brasero bajo el que calentarse. Sólo ascuas. Ascuas y las ganas de cosas que no llegan, las ganas de un cien por cien. Que estar al 75% no es bueno, y mucho menos, cuando ese porcentaje es aún menor.

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