lunes, 29 de noviembre de 2010

Huecos blancos

Noviembre decide -casi- despedirse con un poco de nieve. Y pensar que los cuatro copos que han caído no pueden ser más que un triste recuerdo de aquella primera jaula abandonada. Era otro mes, otro día, otros tiempos. La nieve era feliz, ahora también, pero ese color blanquecino también tiene un sabor amargo. Se desliza otro de los meses que sonaban bien, pero nunca nada sale como estaba previsto, es más, ni siquiera había nada previsto. La cuestión es que ya no hay tantas señales, eso sí ha cambiado. Para bien o para mal. No sé. Las ganas de hacerlo bien, la certeza de hacerlo mal. Noviembre. Noviembre de frío. Me hace sentir vivo. Y en pocos días, más vivo aún.

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